Creando Orden del Caos: Surf y Diseño.

por Alberto Barreiro @albertobarreiro
En el mapa, la playa aparecía marcada como un tesoro pirata. Su relativa lejanía de las carreteras principales auguraban una sesión tranquila y unas gotas de aventura, había oído comentar que su orientación la exponía al más pequeño swell del Oeste. Tras repasar por internet las tablas con las indicaciones de las boyas, me dispuse a viajar hasta allí bajo el azul metálico de un cielo con viento del Noreste. Desde el pequeño claro que hacia las veces de aparcamiento se apreciaba el arenal en su totalidad. Me acompañaba Sofía, una amiga que sufría la terrible discapacidad de haberse criado lejos de la costa. Sus habilidades urbanas contrastaban con su dificultad para entender lo que pasaba en aquel escenario de arena, agua y cielo. En su retina se acumulaban imágenes desordenadas de temperamentales olas y espumas ruidosas que rompían sin causa ni propósito. Un paisaje tan hermoso y vital como primario y caótico.
Sentados sobre la capota del coche le pedí que siguiera observando el mar, una variable tras otra, sin prisas: El suave viento terral que acentuaba la forma mas pura de las olas y levantaba gotas sobre las crestas; el banco de arena acumulado junto al riachuelo que se extendía bajo el mar; la textura especial del agua en de la zona de corriente; los patrones recurrentes de las series. Sofía comenzó a entender la delicada, intima y compleja interacción entre el fondo, el viento y las olas que ante sus ojos comenzaban a comportarse de nuevo como un todo ordenado.
Al poco rato logró identificar claramente las tres rompientes definidas. Acabó por recomendarme un lugar idóneo para echarme, a lo que yo accedí sin dudarlo, a pesar de que los locales disfrutaban de muy buenas olas en otra zona de la playa. Ya en el agua, mi cerebro hizo un calculo simultáneo e intuitivo de la forma que la ola iba cogiendo, su velocidad, altura e inclinación permitían prever la dirección de rompiente y el lugar preciso para la remada. Unas brazadas y mi tablón recogió la fuerza de la ola bajo mis pies. Me deje llevar. El orden había surgido del caos en forma de un dibujo que me llevo hasta la orilla con una sonrisa de satisfacción.
Hasta aquí la historia.
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El Diseño es un campo cuya influencia va mas allá de la creación de objetos de atractivo estético, sino que se presenta como una metodología para la creación y desarrollo de productos, organizaciones y experiencias ricas, funcionales e innovadoras en un entorno definido por una complejidad creciente, un mundo en al que los métodos tradicionales de producción son incapaces de adaptarse. Las empresas empiezan ahora a abrir los ojos a la disciplina empujados por el ejemplo de héroes del diseño como el fallecido Steve Jobs. El Diseño, con “D” mayúscula, se va consolidando como heredero del papel diferenciador que ha ido representado la ingeniería en el pasado industrial. En una economía cada vez mas competitiva, en la que la producción tecnológica se ha trasladado en buena parte a países emergentes, especialmente a Asia, la generación de ideas y productos que añadan valor a la vida de la gente se convierte en una necesidad crítica para la supervivencia en estos confusos momentos de la economía occidental.
Recientemente, mientras preparaba una presentación sobre el tema me di cuenta de lo mucho que ha aportado el surf a mi modo de enfrentarme a problemas de diseño. En principio pueden parecer dos cosas totalmente alejadas, pero si miramos con detenimiento vemos que comparten unas características comunes fundamentales: Tanto la misión del surfer como la del diseñador es utilizar energía creativa para ordenar el caos; también que la cualidad que caracteriza a ambos es su capacidad para identificar patrones en entornos complejos.
Diseño es un método creativo de resolución de problemas.
Todo proceso comienza con una pregunta que se ha de resolver en forma de una acción o de un producto. Las metodologías que aporta el diseño funcionan muy bien cuando estos problemas están insertos en entornos cambiantes como en el que nos toca vivir. El diseño aporta una perspectiva más dinámica, abierta, flexible, intuitiva y holística a procesos, que debido a esa complejidad, son difíciles de resolver paso a paso, de una manera analítica y lineal.
Voy a repasar el relato con el comencé el post desde el punto de vista de un método más o menos formal de diseño con el objetivo de llegar a entender mejor este paralelismo entre dos de mis obsesiones favoritas.
He dividido el relato en 10 puntos que son similares a las fases que seguimos en un proyecto formal de diseño.
Todo empieza con una pregunta.
1- Misión: La parte más compleja de un proyecto es encontrar cual es el problema de fondo que se quiere resolver, la formulación de la pregunta. Es lo que llamamos el proceso de definición o conceptualización.
Una vez tenemos clara la pregunta el único objetivo que tenemos es el de ir respondiéndola. ¿Quiero entrenar duramente para un campeonato o quiero pasar un día tranquilo de surf en buena compañía?
Todo lo que viene después son instrumentos para realizar la misión que hayamos definido, misión que tenemos que recordar en cada momento para asegurarnos que los pasos que tomamos nos dirigen a ese objetivo.
2- Visión: Una vez fijada la misión ya he reducido considerablemente el rango de posibilidades. Me imagino el día en la cabeza: Un lugar bonito, salvaje, tranquilo, de olas suaves. Llamo a Sofía para compartir la visión y ver que le parece el plan. Tras la charla añado la siguiente especificación: “…un pueblo interesante en las proximidades para tomar una caña al atardecer”.
Ya sabemos más o menos lo que queremos aunque esta intuición aun no haya cogido forma. Lo que tenemos que hacer ahora es descubrir las opciones reales con las que contamos.
3- Investigación: la investigación es un proceso divergente, se trata de poner sobre la mesa la información y los datos disponibles. Rebuscar en recuerdos, leyendas, comentarios. Preguntar a amigos. Bucear en Google Maps, ver fotos. Interpretar mapas de boyas, la dirección del viento, la tabla de mareas, y las previsiones meteorológicas.
4- Análisis: Al igual que en el proceso de diseño utilizamos técnicas para debatir y agrupar los requerimientos de un proyecto, ahora en nuestra cabeza comenzamos a agrupar y organizar los datos para clasificarlos por sus características (distancia, calidad de las olas, comodidad, clima), de modo que poco a poco vamos entendiendo las variables, permitiéndonos reducir las opciones mediante una comparación rápida. Finalmente logramos decidir cuales son las opciones que más nos convienen, tras descartar aquellas menos viables o apetecibles, las que por ejemplo, nos tendrían en la carretera todo el santo día. A veces la decisión tiene forma de dirección mas que de destino: “tiremos hacia la zona de Ribeira a ver que nos encontramos”.
Trabajar con una visión abierta (a veces utilizamos la metáfora de un faro que marca una dirección, que sirve de referencia, pero no la dicta) facilita a exploración y los descubrimientos fortuitos que abren paso a la innovación.
Ajustamos bien las cinchas y tiramos millas.
Un par de horas después el proceso arranca de nuevo en el improvisado aparcamiento de la playa.
Tenemos ya enfrente todo el abanico real de posibilidades. Estudiamos la competencia (los locales disfrutando del pico de la izquierda), la dirección del viento, el tamaño de las olas, la consistencia y recurrencia de los picos, la tendencia de la marea, la posición e intensidad de las corrientes. Como comenté antes, los surferos al igual que los diseñadores están especialmente entrenados en reconocer patrones a partir de un entorno complejo y dinámico, gracias a esta experiencia somos capaces de leer la playa de un modo intuitivo y casi automático. Observamos, analizamos, predecimos con cierta facilidad el comportamiento de las olas. Al igual que el diseñador es capaz de navegar en medio de un amplio número de posibilidades y encontrar modelos que se van ajustando a la solución buscada.
De vez en cuando debemos cotejar el proceso en relación a nuestra misión inicial, de hecho aun estamos a tiempo de cambiar de lugar e incluso de visión (¿vale la pena quedarse o es mejor ir al pueblo e hincharse a marisco?) Pregunto a Sofía si el plan corresponde a sus expectativas, al fin y al cabo el día esta dedicado a ella. Sofía asiente y seguimos adelante. Este proceso es equivalente a los tests con usuarios y clientes que un diseñador realiza regularmente para asegurarse que la dirección y el desarrollo de un proyecto va en la dirección deseada.
Miro las olas un buen rato, conozco bien mis posibilidades físicas, materiales y técnicas y reconozco que esa ola hueca junto a las rocas es inviable, al igual que la zona invadida y saturada por los surferos locales. He destilado todas las opciones a un par de atractivas zonas a las que la marea empieza a dar forma.
6- Ideación: Es hora de tomar decisiones. El proceso de ideación es casi indistinguible del de análisis, tener ideas consiste en extraer y descubrir opciones de un caos de posibilidades. A veces una de estas soluciones de repente toma forma y destaca de un modo claro y se nos presenta en nuestra cabeza acompañado de un subidón de dopamina. Sofía, que había estado en silencio durante un rato mientras su mirada escaneaba las rompientes, apuntó su dedo índice hacia una ola que se iba formando.
- El sitio es ese.
Las olas, que se habían ido ordenando con la marea y la caída del viento, comenzaban a apuntar maneras no lejos del aparcamiento, esculpidas por el banco de arena que se formaba junto a un riachuelo que cortaba la playa.
Idear es descubrir mediante observación, conectar variables, prever nuevos patrones y actuar sobre ellos. Sofía, convertida ahora en Directora Creativa, me había dado la indicación clave que me permitía seguir adelante.
7- Prototipado. En esta fase los diseñadores nos dedicamos a bocetar, hacer planos, estudios de materiales y prototipos funcionales que vamos testeando y presentando a los usuarios para su validación. El usuario de estas olas voy a ser yo, así que me limito a hacer los prototipos en mi cabeza. Observo las series, elijo una ola y me imagino en ella, siguiendo con los ojos la dirección de la rompiente. Esta sesión de surf virtual me ayuda a validar la elección y a alcanzar un mayor conocimiento de lo que me voy a encontrar después.
8- Objetivo: Con una idea y un plan ya fijados en mi mente en forma de un claro objetivo que no pierdo de vista, me pongo en traje y me dirijo al agua. Todos estas fases del proceso se van repitiendo de forma rápida, cíclica, no lineal y ajustándose a los cambios en el entorno según van ocurriendo. Por fin llega el momento del desarrollo del plan:
9- Implementación: Mis habilidades técnicas (o la falta de ellas) y estado físico entran ahora en acción. Remo hacia el pico ajustando mis expectativas según me acerco. Encuentro el lugar y analizo la serie y la forma de la ola antes de atacar una derecha:
La tabla se convierte en el objeto, la ola en el medio, la surfeada en la interacción y mi experiencia en forma de satisfacción, en el producto.
10- Aprendizaje: Esa tarde, junto a una caña fresca, Sofía y yo disfrutamos de los últimos rayos de sol en la terraza de un bar, repasando el día.
PD. Los métodos de diseño se centran en las necesidades de la gente. Si profundizas en esas necesidades acabas por darte cuenta de que en realidad necesitamos poco y lo que de verdad nos llena son los significados, no tanto los objetos.
El diseño debe centrarse en ayudar a transformar y orientar las empresas hacia la producción de soluciones que resuelvan problemas de verdad y añadan valor la vida de un modo limpio y sostenible. Tenemos un papel que jugar para acelerar el paso de una economía centrada la especulación, el consumo y el beneficio a corto plazo a una economía basada en la creación y el significado.
Es importante que en tiempos como éstos aprendamos a reconocer que con una tabla y unas buenas olas podemos disfrutar de experiencias únicas. Esto es algo que sabemos bien los que hemos tenido la suerte de practicar el surf con un grupo de amigos, y también una lección que los diseñadores tenemos que asimilar en profundad a la hora de entender que nuestro material no es la tecnología, sino las experiencias.














