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Vigo, 25 de agosto, 22:30

 1 Comment- Add comment Written 3 days ago by fontenla

Noveno piso. El ascensor tiene el espacio justo para que no nos toquemos, por milímetros. Somos tres. Con mi tabla, cuatro. Hay dos hombres. Vienen de más arriba. Hay quince plantas. Voy abajo, digo al entrar. Pulso el menos dos. Apoyo la tabla contra la pared. Apoyo mi espalda contra la tabla. Uno de los hombres me mira. El otro no levanta la cabeza.

Por el quinto piso, me doy cuenta que son curas. Uno de ellos lleva puesto el clériman. EL otro no, pero se nota que es un sacerdote. Ahora los dos miran al suelo. Yo miro al techo.

Llegamos al cero. Ellos se bajan aquí. Me aparto cuanto puedo para dejar la salida libre. La puerta se abre y entra aire fresco. El cura del crériman sale sin levantar la mirada. El otro permanece de pie frente a mí. Espera que yo salga. Yo bajo, digo otra vez. Ah, usted va abajo, susurra él. Si, voy abajo, repito yo. Vas al infierno, dice, y se va. Cierre de puertas. Bajo.

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Blue Hawaii

 2 Comments- Add comment Written on 25-Aug-2010 by maxnemo

 

Cuando era niño viví durante unos años en un pueblo de las Rías Baixas, un lugar como muchos otros de la costa gallega. Cuarenta o cincuenta casas al borde de la playa, un pequeño muelle, y unas cuantas barcas amarradas cerca de la orilla. La vida era tan tranquila como solía serlo entonces, cuando el futuro parecía tan lejano como la isla más remota. A mediados de los setenta llegó el primer teléfono, todo un acontecimiento, lo instalaron en el bar del pueblo en donde siempre sonaba Made in Japan de Deep Purple, el mismo bar en el que por primera vez vi una televisión en color y una maquina de marcianos, el increíble Moon Cresta. Franco se había muerto por fin, estrenábamos democracia y en las escasas emisoras de radio los alaridos de unos tipos llamados los Ramones acababan con los dinosaurios del rock sinfónico.

Fue por aquel entonces cuando en mitad de un otoño duro y lluvioso aparecieron en el pueblo los primeros extranjeros, dos alemanes de Bremen que se quedaron en el pueblo varios años. En la baca de su coche, un audi familiar gris, cargaban tres maletas, un baúl metálico y un bulto alargado y grande, envuelto en un plástico azul, que resultó ser una tabla de surf, un artefacto que hasta aquel momento solo habíamos visto algún sábado por la tarde cuando en la tele el rey Elvis brillaba en Blue Hawaii.

Durante el invierno, aquellos alemanes venidos de lejos trabajan en algo que no consigo recordar, y pasaban los veranos sentados a la puerta de la casa que habían alquilado bebiendo cervezas por cajas, con los pies enterrados en la arena, mientras los críos del pueblo jugábamos con su longboard de una sola quilla, blanco y grande, llenándolo de agujeros y golpes.

El pueblo estaba en el interior de la ría, así que durante semanas el mar era una piscina azul y limpia que solo agitaba el viento del norte. Y así permanecía inalterable hasta que llegaban los últimos días de agosto. Entonces, sin previo aviso, el mar cambiaba. Cambiaba su color, su aspecto, su olor. Las rocas de los acantilados se llenaban poco a poco de espuma blanca y la primeras líneas de mar de fondo que llegaban desde lo más profundo del Océano Atlántico chocaban contra el muelle tensando los amarres de las barcas.

El mar cambiaba y tras él llegaba el otoño, y las olas, orilleras y gruesas como muros de hormigón, subían cada vez mas playa arriba hasta que en los temporales más duros cruzaban la pequeña carretera, y entraban en las casas próximas a la arena llevándose con ellas todo lo que encontraban a su paso, muebles, televisores, un seat 127, una tabla de surf....

Aquella tabla tuvo una vida larga, una vida larga y extraña. Sufrió lo indecible, aguantó durante varios veranos su condena infantil y flotó hasta el último día antes de desaparecer para siempre junto con un montón de cachivaches arrastrada del garaje en el que descansaba por las olas que nunca antes había conocido.

Nada es ya igual que entonces. Hoy en el pueblo hay edificios de varios pisos, adosados, no quedan mas que tres barcas, apenas nada que pescar y el muelle es más grande y alto, así que las olas del invierno ya no entran en la casa de nadie.

No sé que habrá sido de los dos alemanes, probablemente vivan con más compatriotas suyos en Marbella o en Lloret de Mar, y tampoco sé donde estará la tabla. Tal vez fuera a parar a alguna playa donde alguien le diera mejor vida que la que había tenido, o probablemente terminara sus días en el fondo de la ría, encharcada y partida por la mitad. Nada es igual que entonces. Ni mejor ni peor, simplemente distinto. Solo el mar sigue cambiando en agosto, su forma, su aroma, su movimiento. Como siempre, el Océano se pone en marcha en esos días de manera invariable, las líneas empiezan a marcarse frente a la costa y anuncian que llega el otoño y también, Pantín.

(Publicado en la revista ofical del Pantín Classic XIX - 2006)

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Tú a Boston y yo a California. O tú a Laxe y yo a Pantín...

 2 Comments- Add comment Written on 23-Aug-2010 by Perry

(No ponemos el cartel del Campeonato Gallego, porque no está colgado)

Este fín de semana, cuadran los 2 más importantes que se celebran en Galicia: El Cto Galego y el Pantín Classic.

En mi opinión, podía haberse intentado mover el de Laxe (aunque lleva 10 años celebrándose el último fín de semana de Agosto con el apoyo del Concello de Laxe) porque la afluencia de público y de participantes va a verse muy perjudicada por el mayor evento del surf en Galicia hasta la fecha.

Así, que cada uno evalúe los pros y los contras:

- Posiblemente en Laxe no vayan a estar los mejores y se puede hacer un buen papel, si lo que te interesa es competir.

- Posiblemente no se vea a Curren, García, Mulanovich... en otra ocasión. Si lo que te interesa es ver buen surf y un campeonato de nivel Mundial.

Aquí cada uno tirará por donde mejor le vaya, y todo es respetable.

Pero estaréis de acuerdo en que es una faena esta coincidencia. Es como si tocaran el mismo día la Orquesta Panorama en mi pueblo y la París de Noia en el pueblo vecino!!!

Más info: www.fgsurf.com y www.pantinclassic.com

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Ombliguismo canibal

 4 Comments- Add comment Written on 19-Aug-2010 by maxnemo

En una novela de la escritora Zadie Smith, El Cazador de Autografos, el personaje principal, Alex, tiene entre sus aficiones la de dividir el mundo entre lo que es propio de judíos y lo que no lo es. Él es judío, y tiene la impresión, sin ningún criterio ordenado ni más justificación que su intuición, de que algunas cosas son judías, como por ejemplo, comer aceitunas o escuchar a Elvis Presley, y otras no lo son.

De vez en cuando, y sobre todo, cuando llega el verano y Galicia arde como si fuera una tea, siento la tentación de hacer algo parecido, de elaborar un catálogo de cosas que son gallegas, propias del lugar en el que vivo, donde he nacido. Es una tentación injusta, al fin y al cabo, cualquier generalización o cualquier enumeración puede serlo, pero, sobre todo, es una tentación  inquietante, porque el resultado de ese catálogo podría no resultar demasiado bonito.

Podría resultar que no hubiera muchas más personas con tendencia a pegarse tiros a si mismos que los gallegos, gustosos de prenderle fuego, una y otra vez, a sus montes; encantados de pescar o de mariscar de forma furtiva, o de hacerlo con dinamita, o con artes ilegales, especialistas en generar vertederos ilegales rebosantes de colchones, neveras y bañeras en cualquier rincón de cualquier carretera, o en llenar de mierda las playas o lo ríos, o en construir sin licencia allá donde sea, preferentemente, en una zona protegida. Podría parecer que es así.

Perdidos en la búsqueda de una identidad colectiva que no existe, podría parecer que en Galicia la expresión mirarse el ombligo, adquiere una nueva dimensión. Podría parecer que nosotros no nos miramos el ombligo, sino que nosotros nos lo comemos; algo así como “ombliguismo caníbal”, antropofagia de nuestro propio cuerpo, de nuestras vísceras y miembros en forma de playa, de bosque, de fondo marino… La fiesta gastronómica suprema, gallego ao espeto.

Si en la mayoría de los humanos, el intestino grueso, simplificando, desemboca en el culo, en nuestro caso, podría parecer que se dirige irremediablemente a la boca. Podrían parecer que todas esas, son cosas de gallegos.

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Olas de fuego.

 0 Comments- Add comment Written on 15-Aug-2010 by surfercosmovision

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Las únicas nubes que vemos ultimamente son las del humo liberado en las combustiones de los incendios forestales.

Deseamos otros horizontes para el futuro. (a Pobra de Trives, Ourense)

 

 

Olas de fuego de un viernes 13.

 

No hay olas en las playas del oeste.

El anticiclón lleva un mes de vacaciones en las Azores.

Y los montes del oeste ardén.

 El mismo adverso meteorológico surfero, esa "A" azul que imaginamos sobre las azores y que nos manda unos nortes aterradores, que nos saca la ilusión a los que disfrutamos de las olas atlánticas, es el mayor adverso meteorológico para la defensa de los montes frente a la amenaza encarnizada de los incendios, de los incendiarios.

 La mayoría de los incendios, para vergüenza social, son intencionados. El perfil del incendiario, según la fiscalía, es cualquier hombre solitario y bebedor del rural, entre 30 y 70 años. Eso es decir nada y decirlo todo.

 ¿Las motivaciones?, económicas siempre, salvando alguna negligencia o accidente y algún rayo. Desbrozar de forma mecanizada una hectárea de monte sale a unos 500 eurillos, un mechero vale 75 céntimos en cualquier estanco. Es un ejemplo.

 Así que las únicas olas que se ven últimamente, son olas de fuego. Y deseamos que llegue el agua de una vez en forma de lluvia pero las únicas nubes que vemos en el cielo son las de humo.

Y la única humedad; la del sudor de los brigadistas, la del agua bendita de los tendidos de manguera, las últimas gotas timoratas en los tanques de los Canadair y de los Dromadair tras las descargas, las de los helibaldes de los Sökols, de los Bell, de los Pumas... y desde hoy, las lágrimas de las familias, amigos y compañeros, de los brigadistas que perdieron la vida esta madrugada en los montes de Fornelos.

También las lágrimas de los que amando a su tierra, a su naturaleza, ven como la sociedad galega da la espalda a su propia razón de ser.

Si unos de los problemas es el abandono del rural, el envejecimiento de la población y una arraigada "incultura del fuego", el más gordo de los problemas, el más asqueroso, el más mísero, es ver como gobierno tras gobierno y voto tras voto, responden a los mismos intereses, como el del paisano que quiere ahorrarse los 500 euros por hectárea desbrozada; renta política.

Unos solitarios, bebidos y rencorosos, como hemos dicho, según la fiscalía, en la impunidad que da cualquier pista mal asfaltada del rural. Otros con corbatas y chaquetas en Santiago de Compostela, con la impunidad de cualquier personaje de la clase política española.

Es una negligencia política. Una negligencia de la administración. Y una negligencia social.

No existe conciliación de intereses alguna. La única política forestal que se juega sobre la mesa no va más allá de los 4 años de legislatura, y en cuanto a incendios, un mal llamado "servicio de prevención y defensa contra incendios forestales"... pues es sólo de extinción, y a duras penas, y lleno de precariedad laboral y falta de profesionalidad y de interés por el mismo. Las cartas que van en cada mano, son las del agricultor imprudente, el mal cazador, el ganadero, la venganza y la incultura. Y sobre todo esto, una sola pregunta sin respuesta racional alguna.

 ¿Quien sube la apuesta? ¿Cuantas hectáreas más? ¿...?

 Los informes técnicos aseguran que cada ves habrá más sequía estival aunque haya intercalado algún verano lluvioso y unido esto a que el abandono del medio rural es un hecho que se lleva consolidando durante años, parece que cada vez nos enfrentaremos a incendios más virulentos.

 Y la solución pasa única y exclusivamente por la prevención y la conciliación de intereses en torno a las motivaciones irracionales de los incendiarios y de la administración, de la mano de politicas forestales técnicas que no estén supeditadas a legislaturas de 4 años.

 

 

Julio, Rodrigo, no os olvidaremos.

 

 

 

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Se Busca

 1 Comment- Add comment Written on 11-Aug-2010 by Perry

No sé cuándo fue la última vez que surfee en condiciones algo que llegase a la altura del hombro, parece que pertenece a otra época. Este verano está siendo malo. Pero malo, malo. Mucho calor, mucho viento, mucho incendio, el agua helada y NI UNA SOLA OLA a la vista.

Me he decidido a practicar otros deportes que tenía abandonados, y por lo que se ve, olvidados. Me duele el culo al montar en bici, las rodillas al jugar al voley y hace tiempo que no sabía lo molesto que es el sudor en los ojos, en el agua eso no lo notas.

Aún así, seguimos como siempre esperando una buena sesión, esa que llegará y nos hará olvidar todos los ratos que miramos al mar en busca de una señal en forma de espumas en una roca que nos indican que las olas han vuelto. Pero cuando llegamos a la orilla, parece que el Monstruo Funcionario del Ayuntamiento ha colggado el cartel de "Vuelva Usted Mañana". Las olas no están hoy, ni se las espera.

Las Rías Baixas son complicadas para el surf, y el verano es una mala época, pero quien sea que tenga las olas, por favor, que las comparta!!

 

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Surf y trabajo

 3 Comments- Add comment Written on 09-Aug-2010 by maxnemo

Un surfista trabajador español. Foto: Alma González

Deberes de la semana. Construye una frase que contenga, al menos, dos de estas palabras: “trabajo”, “surf”, “surfista”. A los surfistas les gusta su trabajo. Me gusta más mi trabajo que el surf. “Los surfistas no pegan palo al agua”.

Por distintas razones, los surfistas siempre han arrastrado fama de vagos, de alérgicos al trabajo, de ser personas poco responsables capaces de abandonar cualquier obligación profesional, fuera cual fuera, ante la perspectiva de una sesión de olas.  Es posible que así sea, que alguna bacteria que habita en el agua salada, en contacto con el neopreno, reacciona convirtiendo al surfista en un cantamañanas eterno. O quizá, el cine, o las series de televisión sean las responsables últimas de esta idea, y hayan fabricado la imagen de un tipo medio subnormal, poco dado a construir frases demasiado extensas o a usar palabras de más de tres sílabas, y que prefiere hace cualquier cosa antes que trabajar.

Si surf y trabajo pueden dar vida a una frase complicada, trabajo y España, no se quedan atrás. Si unimos, surf, trabajo y España, el resultado puede ser cualquier cosa. Frase. ¿Cuál es el mejor trabajo para ser surfista en España? La teoría dice que tener un trabajo relacionado con el surf. Trabajar con aquello que te apasiona, horas y horas de playa, de tablas, de fotos, y de surf. Pero las personas que conozco y que tiene una profesión relacionada con el surf, trabajan muchas horas para mantener su empresa y a menudo disponen de menos tiempo para surfear del que disfrutarían si tuvieran  una ocupación en otro sector.

De este tema sólo surgen preguntas y más preguntas. ¿Es mejor ser autónomo? ¿Tal vez asalariado? Cuando trabajaba por mi cuenta, organizaba mi tiempo, podía elegir mi jornada de trabajo con mayor libertad, y por lo tanto mis horas de playa. Si un lunes por la mañana había una sesión perfecta, no tenía que pedirle permiso a nadie para largarme a la playa. El director de mi banco tampoco debía solicitar mi autorización para devolver mis recibos cuando el último día del mes no había conseguido ingresar dinero suficiente. Era libre, pero a menudo pobre.

Cuando fui asalariado y conducía hacia el trabajo por la carretera de la costa, veía olas entrando en la playa, y sabía que yo no podría disfrutarlas, que al salir de la oficina, ya sería demasiado tarde, o se habría levantado el viento. A cambio, no tenía que preocuparme a final de mes. Pagaba mi casa sin problema, y mi coche, pero sentado en mi despacho, no pensaba en otra cosa que en un buen baño un martes a las once de la mañana. ¿Qué es mejor?

Surf y trabajo en España. Más absentismo laboral que ningún otro país, y  paradójicamente, más horas en el trabajo que cualquier otro país; más bajas médicas y más parados que nadie, menos productividad y más horas de luz solar que la mayoría de países de Europa, más costa que la mayoría de todos ellos, más olas, menos sueldo, más gente queriendo ser funcionario que nadie en el mundo…. Con todos estos factores deberíamos ser capaces de sacar alguna conclusión que hiciera mejor nuestras vidas, que nos convirtiera en surfistas vagos y felices. Como dice la sabiduría popular, los surfistas funcionarios deben morir.

 

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West

 1 Comment- Add comment Written on 03-Aug-2010 by albertob

The West is the best
Get here, and we'll do the rest


Jim Morrison, The End


 

Cierro los ojos e imagino la Ría desde el lado norte, con la península flotando enfrente como un cadaver que yace sobre un charco, con forma de un recuerdo erosionado, cada vez más oscuro y más borroso.

Voy a menudo al Oeste, pero a pesar de que aun puedo contar de memoria las curvas de la carretera, tengo que forzar mi vista astigmática para entender lo que significa, para imaginarle un sentido a través de unas gafas cubiertas de polvo.



Hay un Oeste que pervive, es el lugar donde están mis padres, donde me encuentro con mis hermanos, donde descanso y bebo con unos pocos amigos.

Hay un Oeste que se aleja, es el que llevo dentro, mi microclima, mi identidad nublada.
Se aleja porque está en su naturaleza de horizonte, por definición inalcanzable, te matas a nadar y nunca llegas, descansas un momento y ya se ha ido.

Pero mi subconsciente no abandona la búsqueda.
Miro a mi alrededor y descubro que vivo en el Westbourne, al Oeste de Londres, código postal West 2, Ayuntamiento de Westminster, donde pago los impuestos.
Por la ventana de mi dormitorio se ve el atardecer y mi calle te lleva hacia al Oeste.
Me dirijo también hacia el Oeste cuando vuelvo por las tardes desde mi oficina en el West End. Lo hago circulando sobre el Westway -el camino al Oeste- donde comienza West 1, la autopista que llega hasta Land´s End, el mirador del Oeste, y que de paso me deja en Westfield, el centro comercial que me abastece y donde voy al cine algún Domingo.

Me amarro así, sin intención, a una idea que se escapa, al Oeste que me eligió, el que me ha hecho.
Que se presenta a veces como una maldición, una corriente sin dirección conocida, porfunda, fatal, inevitable; y otras como un sueño, la misma corriente que fluye ahora tirándo de mi mano hacia una fiesta, una tarde de Agosto con olor a sardinas, con sabor a olas y a salitre en la cara.

Éste es mi Oeste, la soberbia estupidez de fijar como destino un horizonte.

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Luz

 0 Comments- Add comment Written on 03-Aug-2010 by maxnemo

Yo vivía entonces en una casa vieja, una buhardilla de más de cien años y sin apenas divisiones que se caía a pedazos. Dani la había ocupado antes que yo. El ya se había gastado una fortuna en aquaplast tratando de convertir en algo sólido aquellas paredes. Yo me gasté el doble. Todo fue inútil. Se deshacían como plastilina al rozarlas. El suelo tenia agujeros, grandes, se podía el piso inferior. Un día subimos al tejado. Decidimos olvidar el paseo después de comprobar el estado de las vigas; la madera se hundía con tan sólo acariciarla. Era una casa vieja, pero muy bonita, irresistible. El invierno del 2000 acabó con ella.

Aquel invierno llovió desde septiembre a mayo, sin parar. Llegaron temporales del oeste, del norte, del sur, hasta del este; cayó agua desde todas las direcciones posibles. Mi amigo Pedrit decía que llovía de lado. Acostumbrado a la meteorología de Barcelona, no le entraba en la cabeza que las gotas de lluvia hicieran daño al caer, empujadas por un viento racheado que soplaba directamente desde el ártico.

Por aquel entonces, Pedrit pasaba largas temporadas en mi casa. Dormía en un sofá que teníamos en un rincón del salón. Por la pared de aquel rincón, el agua caía a borbotones. Se acostumbró a dormir con un plástico sobre las mantas. En febrero de aquel año, llovió durante veintiocho de los veintinueve días del mes. No lo hizo el día doce, y durante unos minutos que parecieron eternos, el sol asomó la nariz entre una masa enorme de cumulonimbos negros como la boca de un lobo para desaparecer de nuevo rápidamente durante tres meses más. El mar estuvo desbocado, intratable. Deseé con todas mis fuerzas que saliera el sol, que hiciera calor, quería vivir en uno de esos posters de playas blancas y agua azul y quieta, y tías corriendo en pelotas por la arena mientras me esperaban; quería ver el sol, y tener calor, olvidar la humedad, quería quemarme. El techo de mi casa se hundió bajo el peso de toda aquella agua en el final de la primavera del 2000. Después llegó el verano y con él, el sol.

Este invierno del 2010 tampoco ha estado mal. Ha llovido con furia durante no sé cuánto tiempo. Los pantanos han superado con mucho su capacidad. En algunas playas, la arena se heló más de una mañana, la nieve caía a doscientos metros sobre el nivel del mar, y el sol desapareció durante largas temporadas para dejarnos solos con una penumbra crepuscular y gris rebosante de agua y más agua, y más agua, y después más agua aun. Los temporales llegaban uno tras otro, a toda velocidad, como si el demonio corriera tras ellos. De nuevo, como en el 2000, deseé que volviera el sol, el calor, ¡la luz, más luz! Y mi deseo se cumplió.

Hoy, después de días y días de cielo azul, sin rastro de nubes, días y días de viento del norte y calor sofocante, de calor maleducado, de agua de mar fría y transparente como si de una piscina o la poza de un río se tratase, días y días sin rastro de una ola, ni siquiera de una tormenta que vuelva el aire respirable, días de  luz casi hiriente y continua, de la mañana a lo noche, después de todo eso, daría lo que fuera por asomarme a la ventana y ver sobre el horizonte de Cabo Udra, sobre las Ons, sobre cualquier parte, nubes negras del Atlántico cargadas de lluvia, y líneas de mar de fondo del tamaño de un camión de mudanzas entrando en la ría, y porque alguien apagara de una vez esta maldita luz.

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Homenaje a Yasmina

 0 Comments- Add comment Written on 31-Jul-2010 by Perry

(Foto de Yasmina de La Torre)

El fin de semana pasado nos dejaba Yasmina, una joven surfista de La Lanzada. Sus compañeros y amigos de Raspas le harán un homenaje el Sábado 7 de Agosto a las 14:00 en La Lanzada, esperamos vuestra asistencia.

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