Oeste. Retazos de un sueño común » Capítulo II. "Con las orejas de Dumbo"

 2 Comments- Add comment | Back to Retazos Written on 04-Nov-2008 by surfercosmovision

 CAPÍTULO II

"Con las orejas de Dumbo"

 

Hoy me ha despertado Max a la vez que me incorporaba con nauseas. Estaba empapado y estos ya estaban trabajando. Empieza el día, son las  cinco y media de la mañana. Estamos navegando.

- "O tomamos una decisión ya o nos pilla!" - Exhortaba Max buscando el asegurar el consenso de ir a Nassau de una vez por todas. Es el momento. Yo voto que si.

Vamos al norte y tenemos mar y viento del sur. La navegación puede ser bastante dura en cuanto las condiciones se establezcan.

Perry se tambalea por cubierta arreglando nosequé sin saber que coño decir, Alberto mira la Glide , con las piernas cruzadas mientras se toma un té, como haciendo una especie de broma británica con sus gafas de pasta negras y la Glide cogida como el The Guardian, que se podría meter por el culo de proa a popa como si el barco fuese su propio pasillo privado de internado de psiquiátrico.

 Wally, el “matemático” apostado detrás de su termo, no dice ni deja de decir. El flemático de la Glide que vende parsimonia, la gallina Caponata del Perry poniendo huevos, Max exhortando, el Dani a vueltas con el Triangulo de las Bermudas y yo supongo que irritablemente inmóvil para los demás. Lo que pasa es que alucino con esta gente.

La gota que colmó el vaso fue cuando mi querido Dani, con cara de esquizo nos dice; "Amigos compañeros de la nave del misterio, un huracán se acerca, seis, eran seis, los intrépidos tripulantes de esa nave, seis , que me dicen de esto, casualidad, fatalidad, no lo sabemos ni nunca lo sabremos, por ahora nos genera inquietud. Hexa…ko…sio…ihexe..konta..hexafobia, tengo Hexakosioihexekontahexafobia…, salta por la borda, sobra uno”.

Yo me quedo de piedra.

- “Deja de decir chorradas y apaga el móvil que te vas a volver más tonto, si se puede, con el puto google, que mierda dices de hexanosequecoño?” - Añade Max exhortando para variar.
- “Lo pone el google, mira, mira” -
-“A la mierda, nos piramos de aquí, rumbo norte”, dice Max dejando atrás a Dani y dirigiéndose a cubierta.

Creo que fui el único que dijo Nassau en voz alta, al resto les llegaba con lo del "rumbo norte", yo tenía que poner nombre a la tierra a la que íbamos, a nuestra Nueva Providencia. También creo que fui el único que se acercó al iPhone de Dani para ver en el Google lo del  hexakosioihexekontahexafobia. Este está sonao como el cencerro de Niebla prado abajo.

Por la noche se ha levantado mar del sur pero apenas viento y la navegación ahora es tranquila pero incomoda en los movimientos del barco y en que nos requiere mucha atención porque aunque el timón de viento no se canse, ni pase frío, ni se queje, es un poco tonto.

Me di cuenta de que tanto el estado de Dani como el mío se debían a que nos quedamos celebrando en cubierta las ultimas gotas de ron del primer puerto caribeño y transatlántico que besamos y celebrando el futuro incierto hasta las tantas y nos fuimos a la cama mareados por todo. Cuanto miedo... y que valientes con todo, que valientes que somos todos.

Me desperté ahora, me dejaron dormir más pues tenía mala cara. Me levanto del puto catre, azota con fuerza y pongo a calentar “leche” no sin montar un buen desastre. Digo leche por no decir agua potabilizada con una pastilla efervescente y con sabor a depósito de plástico, a esto le sumamos un bote de leche condensada babeante y con tropezones no reconocibles. Entre el pifostio se entremovían mis compañeros con cara de “ponte a trabajar cojones que estamos navegando”.

Rumbo al norte, rumbo a Nassau. La navegación es dura y al parecer, según las cartas y el Capitán Nemo, navegamos por aguas peligrosas y de camino al triángulo de las Bermudas. Que la expresión es que suena muy peliculera pero es verdad. Y pensamos todos en una puerta interdimensional que nos llevaría a Tavarua de forma instantánea y sin espaguetización de la materia física, pero como va Perry en el barco, va a ser que no. O no vamos a Tavarua de forma instantánea, o vamos pero llegamos con forma de espagueti.

El foque va tenso como un cuero en un tambor (iba a escribir en mi libreta “tenso como el cojón de un mono” pero desconozco nada sobre primates) y pega unos latigazos que dificultan el trabajo de Alberto, Walter y Perry, que intentan pasar los 6 nueve pies  y las... no se... 7 tablas más, que llevamos en proa, amarradas a ambos lados del candelero hacia el interior. Se trata de llevarlas al camarote y apilar los tablones en el pasillo y las tablas al fondo del tambucho. Los 12 metros de eslora del Mar de Fora se hacen largos y difíciles. Se pasan al camarote entre dos marineros y de dos en dos, tal como van acopladas al candelero de proa  por las cintas.

Hacemos turnos de tres marineros para la navegación y empezamos Max, Dani y yo.
Los demás se pasan al camarote, se secan e intentan descansar. Perry se hace una cura en la mano ya que se cortó vete a saber con que despropósito de pieza o instrumento inofensivo. Berto es el que  duerme al fondo, entre tablas y ropa mojada. Walter se come las paredes y no se porque me da la sensación de que se ha masturbado...

Max lleva el barco con una navegación con mucha concentración. Dani trabaja con la carta náutica y yo me peleo con la botavara de manera telepática y le digo que trabaje bien. El mar nos llega por la popa, directo del sur y es cada vez más grande y con un periodo impresionante del cual no podemos medirlo y no tenemos datos del parte. Creo que estamos varios barcos en la misma situación y todos navegamos a Nassau, porque nos han pedido las autoridades de Bahamas por radio "situación y rumbo" y nos han dicho que es la decisión “que se está tomando”. Lo peor es que nos suene “a la desesperada”.

El barco baja olas de 5 y de 6 metros. Llevamos poco paño en la mayor y el foque tira de nosotros como un noserider. Desde atrás debemos parecer Dumbo, porque la botavara está casi perpendicular al eje proa-popa del barco y el foque sale por la izquierda. Dice  Max, que lleva el barco, que este baja surfeando. Yo lo que siento realmente es que el barco baja vendido y gordo y llegamos a sentir cierta ingravidez en las bajadas y alguna panzada que nos cruje el alma.

Yo estoy hecho una mierda y ahora tomo un café y acto seguido me tomaré un protector de estómago y me prometeré que no lo volveré a hacer.

Los turnos de navegación continúan y no respetamos los grupos. Al fin y al cabo, estamos todos en el mismo barco. Frase esta paradójica cuando se dice en nuestra situación. Porque cada uno en realidad va en un barco distinto y resulta ser el mismo. Y no hay nada más que le barco y nosotros. Todos navegamos, todos dormimos y todos hablamos de forma bastante aleatoria y por periodos cortos. Somos un enjambre trabajando en equipo y rendirse no es una opción. No existe ni la rendición ni la decadencia y este barco brilla de forma suficiente como para firmar la paz con el mundo. Sale el sol entre las nubes, son las diez de la mañana y el barco baja, ahora si, surfeando, olas de 8 metros de altura.

Nosotros surfeamos con él y adaptamos nuestro surf de tabla a los movimientos en el barco. Yo solo veo estilo y surfistas y una continua cabalgada que se hace eterna y para siempre. Es compartido y gritamos en muchas ocasiones al viento porque sinceramente no hay otra forma de navegar en este barco. Nos reímos como jinetes del Apocalipsis, cabalgando sin manos. "Mira mamá, sin manos, sin manos y sin miedos"

Hemos conseguido hablar del miedo, verbalizarlo. Hemos hablado de como se siente el miedo y lo hemos categorizado en dos tipos principales de miedo; miedo adaptativo y miedo difuso. El miedo adaptativo es el que nos convierte en verdaderos marinos y nos permite resolver, capear el temporal. Nos hace navegar con rumbo fijo, acojonados pero con rumbo fijo y fuerza en la navegación. El barco navega con nosotros y es toda una nave y todo un mundo. Después está el puto miedo difuso que genera inmovilidad e incomprensión absoluta. Un miedo nervioso que convoca mentiras de la nada y paranoia a partir de lo perfectamente real. A mi personalmente me lleva a sacar lo peor de mi. Al miedo de mi mismo. Y a que me tiemble el pensamiento.

Y vamos al 50%. Un poco lobos de mar, otro poco hombres tremendamente comunes.

Y al 50% también entre la culpa y la responsabilidad. Sensaciones ambas duras e implacables. Porque no estamos en esta situación por arte de magia y nos sentimos enfadados por no preveer nada de nada.

La singladura no fue tal hasta abandonar las Canarias porque no bajamos el barco todos desde Baiona, sino que Max, Dani y Alberto lo hicieron. Perry y Walter embarcaron en Portimao y yo en Canarias. El tiempo se echaba encima y los preparativos requerían un trabajo extraordinario y absoluto. Los dos últimos meses antes de la salida de Puerto de la Cruz fueron especialmente duros y todo se acabó al embarcar en el Mar de Fora y dejar las islas en un horizonte Este y navegar con todo, con todos, hacia el Oeste. El resto había sido trabajo y ahora es otra cosa, bien distinta pero igual de cansada.

Al llegar al caribe las sensaciones desbordantes nos hicieron entrar en un estado catatónico y surfeamos en varias islas olas de medio metro y de todas las calidades. Sin cuestinonar nada más. Cuando la cuestión meteorológica se gano su posición de valor, no era tarde, pero el lobo, Bermeo, ya nos pisa los talones.

Así que nos sentimos con esa responsabilidad y con esa carga a la vez. Culpa y Responsabilidad forman un cocktail que no entra bien ni a primera ni a ultima hora del día. Tengo nauseas y ganas de vomitar.

Para colmo Dani se saca de la manga una canción que habla de Nassau de los Hombres G; el problema es que la canta sin parar, a viva voz. No solo eso que la cantan todos, incluido yo. La cantamos como anormales.

“Nassau, son las 12 de la noche,
le quito la capota, enciendo el coche.
Hace años que no llueve en las Bahamas
precisamente hoy le ha dado la gana.

Nassau, es la una menos 10,
le pongo la capota y deja de llover.
Parto un coco y por dentro esta podrido…
Que haré yo aquí, para que habré venido?

Esta mañana, me ha dejado mi novia hawaiana
y yo me pregunto, que coño haré yo en las Bahamas?
Se me jode el coche, me deja mi novia,
me mareo cuando subo a la noria,
no estoy moreno… Estoy quemado
y los mosquitos me han destrozado.

Tengo la espalda como el culo de un mandril,
la chica del anuncio no esta por aqui.
Mucho rollo con los limones del Caribe
y luego llegas y de milagro sobrevives.

Con lo bien que estaba yo en Madrid,
con mi zumo de piña y mi casita gris,
mi chalecito en Navacerrada,
todo el tiempo libre… nunca hay que hacer nada


Lo impresionante de esta canción es que se convierte en himno y llega a resultar reconfortante. La cantamos de mil maneras, ya no sabemos el ritmo original. La letra me hace sentir de maneras distintas dependiendo del momento y evoca mil ilusiones a partir de cuatro frases estúpidas. Somos bucaneros bajo el temporal, despojados de todos los saqueos y posesiones de esta vida.

 

Hombre al agua. Es Perry. 18:53 P.M. hora local. Enseguida desaparece.

Alberto lanza la alerta por emisora. No contesta ni Dios, ni patria alguna. Estamos solos y Perry en el agua. Max le dice a Walter que vaya calculando la posición en el espacio a partir de estimaciones que con cada segundo se distorsionan más y más. La maniobra con Max al timón es inmediata y Walter lo guía. Dani y yo nos pusimos los chalecos de neopreno, y las aletas. Alberto prepara los cabos de rescate y las balizas y balsa. Dani y yo estamos listos para saltar con los arneses puestos, estamos dispuestos en el espejo de popa. Han pasado los cabos de rescate por los winches de babor y estribor respectivamente. La nave está aventada y solo va el foque en una ceñida bastante arriesgada. Walter dirige, Max lleva el timon, Alberto organiza el rescate y ayuda a navegar y Dani yo yo estamos dispuestos a saltar y coger al Perry.

Perry!! -  Grita Berto bajo el palo seco de la mayor. Lo vimos todos subiendo a la cresta de la siguiente ola. Ajustamos la ceñida y cruje el barco, vamos directos a él. Se mantiene a flote y se le ve fuerte en las brazadas. Dani y yo nos pasamos a proa con toda presteza y ahora bajamos la ola. Lo tenemos abajo, por babor. El foque se nos sacude encima con fuerza y revisamos que el cabo esté listo. Atrás tienen Walter y Berto tienen todo listo y Max grita - ¡atentos, atentos, atentos, atentos!!! - YA.

En ese momento sentí una calma increible. Era el momento. Estaba bajo el agua, en medio de olas de 9 metros en el Caribe, atado por un cabo de 25 m. y 11 mm. de Nylon y con una elongación del 3% a un barco. Dani en la misma situacio y quizás, solo esta oportunidad. La luz es oscura, el agua es oscura y Perry aparece enfrente justo con su chaleco de neopreno rojo y su casco blanco. Lo tenemos y lo tenemos los dos. Dani por el pecho y yo por la espalda. Dani y yo nos cojemos por los brazos y hacemos pinza con las piernas. Perry dice que está fuerte y que está bien y que sabía perfectamente que lo recogeríamos.

Yo de momento veía la maniobra de Max tras un primer tirón  de 25 metros de cabo y ver bajar el barco una ola. Cuando llegamos a la cresta ya tienen el viento de popa y el barco hace por navegar pero ya se nota que en los valles entre olas las turbulencias son muy grandes y las velas dejan de cazar viento. Es cuando los vemos pasar en la siguiente cresta en dirección contraria y nos gritan -¡sujetaos!! - Ahora navegamos los tres remolcados a tirones por el Mar de Fora y entre olas de 9 metros. Los motores de los winches trabajan y ayudan a estos a recuperarnos. Subimos al barco. Todos van abrazando a Perry y después nos abrazamos entre nosotros, como buenamente podemos entre seguir el imparable trabajo de navegar en estas condiciones. Quien dice un abrazo, dice una simple mirada.

Nuestra nave, este barco con orejas de dumbo y luz propia, sigue navegando.

Nassau está a pocas horas, pero las condiciones son crudas. Nos queda encaminar con acierto el paso de aguas poco profundas entre Isla Paraíso y el  Eastern End de Nassau. Navegar todo lo que podamos a vela y entrar con el poco Gasoil que nos quede en puerto. Llevamos 60 millas. Nos quedan menos de 30.

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Comments

  • written on 07-Nov-2008

    albertob says:

    Reconozco que mi flema no es más que una pose. He perdido el control, mis emociones suben y bajan al ritmo e intensidad de las olas. Los momentos de euforia y pánico se alternan. Respiro profundamente y porcuro no pensar en nada, nunca me había visto en una situación así.
    Miro a mi alrededor, al pabellón psiquiátrico. Perry sigue temblando del susto, sonríe a medias con la mirada perdida en las olas, sabe Dios que habrá visto ahí adentro.
    Después de la alegría inicial, nos ha quedado a todos una profunda sensación de miedo en el cuerpo. Observar la pequeñez de un cuerpo flotando en medio del caos inmenso del mar te hace consciente de la escala de nuestras vidas.
    La salvación se llama Jack Daniels. En las últimas horas hemos logrado salir de la influencia directa de nuestro amado Bermeo. Me siento en cubierta bebiendo directamente de la botella cantando el himno, Wally a mi lado me acompaña con los coros y me roba la botella. Berto agarra la guitarra y le da un nostálgico toque de bossanova al tema:

    Nassau, son las 12 de la noche,
    le quito la capota, enciendo el coche.
    Hace años que no llueve en las Bahamas
    precisamente hoy le ha dado la gana.

    Oscurece con la puesta de sol más espectacular que nunca he visto.
    Las luces de la costa se mueven ritmo de bossa.

  • written on 08-Nov-2008

    Perry says:

    Yo tiemblo, pensando que mi padre me va a matar por haber perdido en el agua una zapatilla, me acerco a la borda para buscarla entre las olas y una killa FCS se clava en el palo mayor justo a la altura de mi nariz!
    Maxnemo me grita: -" Ni se te ocurra volver a acercarte a la borda si no estás atado o yo mismo te devuelvo al mar!!"

    Joer! Qué tenso está! Me pongo a pensar en las musarañas y en las sirenas y en los tesoros de las profundidades y cuando vuelvo a la realidad, veo que seguimos en medio del mar y aburrido de tanto ir y venir por el oleaje, así que le pregunto a Max:

    "Falta mucho? Me aburro..."

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